Yo con mi-arte tengo…

Barri Gòtic, Barcelona.

Barri Gòtic, Barcelona.

Mundos, culturas, calles. Cada salida es una experiencia, una percepción sensorial, ruidos, olores, sabores. El cerebro va absorbiendo sin darse cuenta, asimilando todas aquellas sensaciones que percibimos en el aire. Olor a gasolina, el humo grisáceo penetrante de los autobuses, los gritos de los vendedores ambulantes. Los pakistaníes y bengalíes con sus míticas cervezas a un euro, las risas de unas chicas guapas en la acera de enfrente, que se pasean en minifalda y tacones sin importarle el frío invernal que hiela a un caribeño cualquiera como yo.

Asimismo, está la ciudad, derroída, caída en cuadritos y en piezas amorfas que rasgan las paredes, colores chillones de un graffitero urbano carente de talento más que para rayar ilógicos “tags” sobre ella. Prostitutas venidas del herido continente negro, para llevarse el pan a la boca en una sociedad que no gusta de asimilar plenamente otras culturas, más allá que de la simpleza de rociarse un poco de su maquillaje y así poder llenarse la boca de cosmopolitismo

La playa, los rubios y rubios paséandose por ella, sin importar un bledo la temperatura que flota en el ambiente, ni la neblina, ni el invierno. Eso lo percibo. Mis fosas nasales van trenzando esas partículas de salitre que provienen del hermoso Mar y poco a poco van codificando un dulce olor a vida en mi cerebro. Ahhh, el Mar…es que no soy nada sin él…como compadezco a mis hermanos bolivianos o paraguayos, o a los rubiecitos austríacos o checos que carecen de mar…y ¡tener que conformarse con ríos o lagunas! Cómo es triste la ciudad percibida sin Mar…pero, aquí, sí aquí es diferente…esa hermandad cuasi cómplice que le guiña un ojo mutuamente entre Mar y ciudad. Naturaleza y hombre. Y otro graffitti. Éste, mucho mejor logrado. Así me gusta. Rayar por rayar no es arte. Y yo, con mi_arte tengo, definitivo.

Bares, restos, bares, uno tras otro…¿cómo es que hay tantos?¿No se cansan? Tomarse una espumosa en uno, salir, ver una chica morena en otro, pedir un vinito tinto, bar, otro más…¡oye si allá hay un irish! Oye, pelirrojo, ponme una buena pinta, de esas tan grandes que beben en tu maravilloso país de tréboles y duendes…¿en Irlanda hay Mar también? Sí, claro que hay. ¡Sí es una isla!

Camino, camino, que noche tan fría, que cosa tan rara que en esta ciudad no hay casi ni perros ni gatos callejeros…todos los que ves, van amarrados a una cuerda…perros me refiero, claro. Gatos, no. Sólo un par de veces he visto gatos en cuerdas y también hurones. Huelen muy mal, eso dicen los entendidos. A mí, me parecen graciosos.

Noche, noche, un poco más noche, madrugada ya. Paseo concluido, habían estrellas, me fascinó. Mi percepción urbana se ha acrecentado un poco más con esta larga caminata, que claro está, ha incluido un poco de alcohol en mi torrente sanguíneo, como no podía ser de otra manera…creo que aprendí a verificar la Osa Mayor y la Menor. Un curso de astronomía me vendría bien. Así lograría ascender, aunque sea por pocas horas, de esta ciudad roída y subir a pasear por las estrellas, los meteoritos, los asteroides, los hoyos negros, enfin cada cuerpo estelar allá arriba…no vaya a ser que el Cielo caiga sobre nuestras cabezas, citando a los célebres galos Astérix y Obélix.

Astronomía, sí, me haré un cursillo, a ver que sacó de ahí…quizás allá arriba los graffiteros sean mejor aque aquí abajo y hayan canes, gatos y hurones en libertad por las calles. Entretanto yo, con mi_arte tengo.

“De Javier Montes de Oca”

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