La narcotización adormecedora de la sociedad venezolana

6 años sin pisar mi país natal. Por diversas razones, principalmente de desacuerdo político con las gestiones del régimen de Hugo Chávez, así como económicas debido a las condiciones laborales precarias en el antiguo continente, donde resido. El hecho, es que transcurrió más de un lustro, para que volviera a recorrer las calles de Venezuela.

Lo cierto es que, aparte de las alegrías que viví durante el mes que pude permitírmelo, gracias tanto a mi familia de sangre, como a mi familia putativa, y a algunos pocos amigos que tuve la ocasión de ver, el estado depresivo en el que la política ha sumido a la sociedad de mi nación, es algo que nunca jamás creí llegar a presenciar en esta tierra caribeña tan cargada (y que por favor, no suene a cliché, porque no lo es de ninguna manera) de alegría, optimismo, entusiasmo y risas. Durante mi actual paso por Europa, no he tenido la ocasión de rodearme tanto de esas cualidades humanas, como lo hacía cuando vivía en Venezuela.

Sin embargo, a mi gente allá le han trastocado el ánimo, la han narcotizado, la han transmutado con vileza y animadversión en seres inertes que vagan por la vida, cual zombies, sin ninguna esperanza, sin ninguna luz al final del túnel que señale que las cosas efectivamente pueden ir mejorando, que esto que atravesamos, es sólo una crisis pasajera, una racha negativa que sólo ha durado varios años y que estamos predestinados a superar. No. De hecho, es todo lo contrario.

Hace algunos años, existía una convicción férrea en el venezolano sencillo, el de a pie, el que sólo quiere vivir su vida sin serias complicaciones políticas, de que efectivamente, este caudal de energías sociales negativas llamado “chavismo” pasaría pronto y la nación, podría comenzar a desandar aquel camino repleto de intransigencia, de odio, de venganza, de vagabundería, de negligencia, de nihilismo y lo que es peor aún, de muerte, que el Sr. Hugo Chávez Frías y su fiel seguidor oportunista, el Sr. Nicolás Maduro Moros, nos habían señalado.

Ahora no. Lo he vivido en carne y hueso. Ya no tengo ni un solo familiar, ni un solo amigo cercano que resida allá, que esté convencido que pronto, por las buenas o por las malas, cesará esta dictadura y algún gobierno democrático pueda sondear los malos agüeros del Chavismo para tratar de enderezar el timón de la nave perdida, de la nave fantasma. Este estado depresivo, el de la Venezuela zombie, se sostiene en que nadie tiene confianza suficiente para creer que los distintos factores que no convergen con el régimen autocrático, puedan realmente llevar a buen término, acciones que siquiera hagan tambalearse a la dictadura.

Precisamente, es aquí dónde el régimen chavista, ha sido tan inteligente durante estos tres lustros: ha sabido sistemáticamente desmotivar y desmovilizar, a través de duros golpes rastreros y de “puñaladas traperas” (en buen argot criollo), a los diversos componentes opositores: a la sociedad civil, a los partidos políticos, a las ONG’s, a los empleados de los poderes públicos, al estudiantado, a las asociaciones de vecinos y finalmente, no hay que descartarla, a la milicia.

A su vez, el cuantioso lobby internacional a través de las embajadas, partidos políticos, gobiernos de la región, cineastas y actores de Hollywood y asociaciones de corte marxistas, todo, eso sí, a punta de golpe de jugosa chequera petrolera, ha contribuido a forjarle al régimen una careta de demócrata, que realmente no tiene pero ni en la mente del más naïf de los seguidores chavistas. Eso en estrategia militar sería como un golpe magistral, una encerrona, una emboscada perfecta a la disidencia venezolana.

El haber pasado por tantos acontecimientos políticos seguidos adversos, ha desmotivado al venezolano que inclusive, sabiendo que su sueldo no le alcanza para llegar a final de mes, de que vive en uno de los países más inseguros del planeta (con más de 24 mil asesinatos sólo en 2013, y más de 200 mil durante toda la era chavista), con una inflación que supera el 61% (y que también es la más alta del planeta), con graves problemas de abastecimiento en varios de los rubros básicos de alimentación e higiene, con fuertes restricciones e inconvenientes para acceder a divisas extranjeras y a billetes aéreos, así y todo, el venezolano promedio se ha decantado por quedarse en casa y evitar las acciones normales y democráticas de protesta.

Pareciera un cuadro clínico de alguna afección psiquiátrica. ¿Cómo conviertes a una de las idiosincrasias más alegres, optimistas y fiesteras en un pueblo muerto por dentro? Pues para saberlo sólo basta conocer la historia reciente de Venezuela, tanto en lo que compete a los desastres gerenciales del régimen chavista como a los diferentes costosos errores de los políticos opositores.

Y es que ninguna de las estrategias opositoras ha funcionado: ni elecciones limpias, ni la abstención a la Asamblea Nacional, ni los referéndums revocatorios, ni las manifestaciones masivas llevadas a cabo principalmente entre 2001 y 2004, ni los paros de todo el aparato productivo nacional, ni las manifestaciones cívicas realizadas desde el hogar, ni las acciones de calle, ni los llamados “casa por casa”, ni siquiera la pequeña gran victoria electoral contra el régimen en 2007, cuando se le ganó a la maquinaria electorera del gobierno en el rechazo al intento de modificación “socialista” de la Constitución nacional. Nada.

Por supuesto, la estocada final del régimen para hacer caer en la más profunda narcolepsia a la sociedad venezolana, resultó la victoria amañada, tal como muchas organizaciones tanto nacionales como internacionales de prestigio declararon, del candidato oficial Nicolás Maduro, tras el fallecimiento de Hugo Chávez, en abril de 2013. Como consecuencia de este golpe bajo, la sociedad civil estuvo adormilada un año, sin lograr siquiera alzar su voz contra la opresión chavista. Sin embargo, en febrero de 2014 y durante 5 meses, una luz de esperanza se encarnó en la juventud estudiantil, que tomó la calle a diario, como forma de protesta contra la delincuencia, la corrupción flagrante, la inflación, el adoctrinamiento, las graves carencias en el sistema sanitario y farmacéutico en el país, así como el aislamiento al que está siendo sometido el país, tras la enorme reducción de vuelos internacionales.

Sin embargo, y a pesar de lo que habría podido esperarse en cualquier otra nación, con escenarios incluso mucho menos graves que el venezolano, no existió en ningún momento, ninguna avalancha de respaldo al noble movimiento estudiantil del 2014. Al contrario, en vez de sumar apoyos masivos, recibió fuerte crítica de distintos sectores dentro de la propia oposición venezolana, que apostaba más bien, a aguardar. Pero ahora bien cabe la pregunta, ¿aguardar a qué?

Retornando a mi reciente experiencia en Venezuela, destaco que me chocaron con violencia los precios de las cosas, inclusive las más básicas como alimentos, medicinas, repuestos, etc. Y eso si es que corres con la dicha de conseguir lo que necesites. Que esa disyuntiva me resultó totalmente desconocida, porque cuando dejé mi país en 2008, prácticamente había de todo en el país y la escasez todavía no era un verdadero monstruo. ¿Cómo un gobierno “socialista” es capaz de llenarse la boca con frases hechas aseverando que en Venezuela el pueblo tiene una inapreciable calidad de vida, cuando está a la vista de que es todo lo contrario? Realmente la desfachatez opiácea de este gobierno, llega a niveles de estudio clínico.

Otro factor que resalto es que cuando aún residía en mi país, la cantidad de propaganda oficial, si bien resultaba excesivamente alta para cualquier país democrático occidental, no era ni la punta de la sombra de lo que es hoy en día. Definitivamente, el Gran Hermano de la novela 1984 de George Orwell, resucitó en los trópicos. Transitar por cualquier espacio de cualquier urbe o incluso pueblo pequeño nacional, sin toparse a cada instante con la terrible propaganda oficial y partidista del gobierno, es matemáticamente imposible. Hasta allí, llegan los enormes recursos petroleros de este país. Para eso sirven: para forrar con las caras del difunto Chávez y del actual dictador, Nicolás Maduro, cada esquina del paisaje humano venezolano. Y es que al paso que vamos, ya hasta pronto en la selva, montañas, playas, ríos y desiertos colocarán también, la horrenda propaganda oficial.

Precisamente, cuando observas a la gente humilde, de pie, bajo el fuerte sol caribeño, realizando sus largas colas para acceder a los productos más básicos de la alimentación, estoicamente sin quejarse, comprendes que este enorme gasto en propaganda, que a la vez va amenizada con más de 8 canales de TV pública al servicio del régimen, y muchísimas estaciones de radio, diarios, semanarios y páginas web que cumplen el mismo fin adoctrinador, ha dado resultado. Comprendes que el censurar medios de comunicación privados, así como el comprar a los que no han querido plegárseles, ha funcionado. Comprendes, que la existencia de círculos comunitarios “bolivarianos” plegados al Poder en cada barrio de cada ciudad, con 15 años de labor propagandística y en muchos casos, amenazante, han dado el resultado tan deseado por la doctrina castrista que practica el chavismo.

Es en ese momento, que por más que te lo cuente a diario tu familia y amigos en el país, es en el momento que observas por ti mismo como gran parte de la ciudad capital está militarizada con efectivos portando armas largas y equipo anti-motín, que logras comprender el “adormilamiento” y la depresión colectiva que existía en el país. Es cuando reflexionas, que a día de hoy, más de 1.6 millones de venezolanos han emigrado desde 1999, la mayoría con consciencia opositora, con estudios universitarios, la mayoría jóvenes menores de 40 años, muchos de quienes nos opusimos activamente al régimen, mientras vivíamos allí. Es ahí cuando entiendes, que no será tan fácil salir de este hondo pozo social.

El pasar por tantos acontecimientos políticos seguidos adversos, ha desmotivado al venezolano.

A la gente allá le trastocaron el ánimo, la narcotizaron, la transmutaron con vileza y animadversión en seres inertes que vagan por la vida, cual zombies.

Sin embargo, no todo está perdido. La verdad es que igualmente y a pesar de los titánicos inmorales esfuerzos de la dictadura chavista, existe mucho descontento y desafección por el caótico sistema de vida que impera en el país. Es ahora, cuando la oposición tiene que unirse y “sentar cabeza” de una manera más activa y lograr, esta vez sí y de una vez por todas, capitalizar a su favor ese inmenso descontento que lentamente va despertando de esa narcolepsia inducida. Y esto no sucederá, es bien sabido de todos, hasta que no sean capaces de incluir en un sentido amplio, a los sectores más populares del país. A aquellos que en su día optaron por ver a Hugo Chávez como un salvador, un caudillo, un mesías que todo lo resolvería. Pero ese día está cerca. Ya la niebla de la depresión ha comenzado a disiparse.

 

“De Javier Montes de Oca”.

Chavismo o la Crónica de un Fracaso anunciado

El régimen incompetente que gobierna esta nación tiene que enfrentar en los próximos meses medidas ampliamente impopulares tales como una nueva devaluación de la moneda nacional, el bolívar.

Se dejaron pasar durante lustros con timidez y respuestas frías, temas gravísimos como el desmantelamiento de la empresa petrolera, el partidismo político raudo y expreso en los tribunales, en la fiscalía, en la defensoría del pueblo, en la contraloría general y como caso arquetípico y uno de los más graves: en el renglón electoral.

 

Venezuela. ¿Qué les puedo decir de este país tropical, caribeño? Nada que ya no sepan. Sólo quedan buenos recuerdos sentidos de lo que fue una niñez, una adolescencia, una juventud prometedora. Era un país lleno de futuro, de niños, de jóvenes plenando los salones de clases de las escuelas, institutos y universidades.

¿Teníamos problemas? Sí. Miles de problemas, como todas las jóvenes repúblicas latinoamericanas, africanas o asiáticas, es decir, las naciones del mal denominado “Tercer Mundo” o países “en vías de desarrollo”. Faltaban chicos por escolarizar, mejor distribución de la riqueza que entraba por concepto de petróleo, hidrocarburos, minerales, agricultura y otras exportaciones. Estaba el problema de la escasa producción en el país, que siempre desde tiempos inmemoriales ha preferido importar casi todo lo que consume a producirlo en el propio territorio nacional. El problema de la vivienda era esencial, cientos de miles de venezolanos se agolpaban en los cerros de las principales urbes donde se ubican las barriadas populares en casas de materiales muy baratos que cada vez que llovía, se llevaba al traste los sueños de progreso de esas depauperadas personas.

Enfin, miles de problemas, como en cada nación. La inflación de los precios de todo lo esencial, así como los numerosos focos de delincuencia y violencia callejera amenazaba con hacernos pasar por tiempos agudos de precariedad social. Sin embargo, nada hacía preveer la debacle que se le vendría al país petrolero en los últimos tres lustros.

Apareció mesiánicamente un caudillo, venido de las llanuras occidentales del país, antiguo militar, quien hubiera cumplido una cortísima condena en prisión por un sangriento golpe de estado en 1992, que se saldó con decenas de víctimas inocentes. Al ser furtivamente indultado, este funesto personajillo se dedicó a hacer política y con una verborrea pródiga, una oratoria y retórica inflamatoria, se metió en el bolsillo y en el corazón a millones y millones de venezolanos. Literalmente.

El resto ya es historia archiconocida. Cuando a un caudillo populista sin preparación ni historia democrática contrastada se le da la oportunidad de medirse en unas elecciones versus candidatos que representaban lo mismo que tenía el país después de cuarenta años de políticas fallidas, no había que ser pitoniso para saber lo que pasaría. Este señor, valiéndose del amplísimo poder popular, político, judicial y militar que tenía, fue olvidándose groseramente del principio democrático fundamental de la separación de poderes y actuó como el Kraken de la mitología nórdica, absorbiendo todos los entes e instituciones públicas y hasta privadas que hacían vida en el país con sus tentáculos silenciosos (y no tan silenciosos).

Para ello, se valió de tretas, artimañas y argucias que los uno aplaudieron sin reflexionar como focas y los otros, prefirieron no unirse, no levantar la voz y utilizar la tan clásica y dañina expresión venezolana: “no vale, yo no creo que haga eso”. Esto se podía escuchar como contestación a diario entre amigos, tras cada exposición del acontecer y actualidad nacional.

De esta manera, se fueron dejando pasar durante lustros con timidez y respuestas más frías que tibias, temas gravísimos como el desmantelamiento de la empresa petrolera, el partidismo y favoritismo político raudo y expreso en los tribunales, en la fiscalía, en la defensoría del pueblo, en la contraloría general y como caso arquetípico y quizás uno de los más graves: en el renglón electoral.

De esta manera, poco a poco aunque sin ninguna pausa, la sociedad venezolana se fue dejando meter unos golazos de parte del PSUV o partido liderado por el antiguo teniente coronel golpista. Casos gravísimos como el de la ideologización en escuelas, universidades y hasta hospitales y centros de salud. Ahora el PSUV, como buen partido de izquierda extremista, intentaba reescribir la historia según su utópica visión en la que ellos eran los únicos intermediarios válidos ante toda la problemática venezolana. Siempre se persiguió y castigó a la disidencia, por el simple hecho de hacer su trabajo como en los casos de los comisarios de la desmantelada Policía Metropolitana de Caracas, Iván Simonovis, Henry Vivas y Lázaro Forero, o la jueza Afiuni, insultada en cadena obligatoria de radio y TV o el caso del exgeneral del ejército Rául Baduel, a quien se le pasó factura política por haberse pasado al bando opositor.

Otro caso que la sociedad venezolana resintió fue la pérdida de espacios comunicacionales privados e independientes tales como canales de TV, emisoras de radio, páginas web, diarios y revistas. Estos mass media corrieron la suerte algunos de ser cerrados, otros obligados a cerrar por no ser rentables, otros vendidos y comprados por testaferros afectos al proceso chavista, otros más auto-censurados, so pena de no padecer millonarias multas por parte de los órganos censores del gobierno por decir alguna verdad que no conviniera al régimen cada vez más autocrático.

Sin embargo, aún no hemos hablado a fondo de uno de los peores agravantes de la terrible situación venezolana: la delincuencia. En Venezuela es exageradamente sencillo tener un arma y comprar municiones. ¡Y no cualquier pistolita! Hablamos de armas de guerra filtradas por los propios policías y militares directo a las favelas, ya que muchos de ellos (totalmente malpagados y con condiciones de trabajo miserables), o bien pertenecen a peligrosas bandas delictivas o tienen amigos y familiares “militando” en ellas. Además, estos jóvenes (muchas veces niños de 14 años), que además consumen alcohol y estupefacientes en grandes cantidades justo antes de sus felonías, se logran esconder en estas favelas y mimetizarse así en el paisaje urbano depauperado a espaldas de las clases medias. Por esta razón, a estos cerros “no sube” la policía y cuando lo hace de manera muy timorata, es muy poco lo que puede lograr.

Si a esto le sumamos que el sistema de cárceles en Venezuela no reforma sino que más bien “forma” criminales peligrosos y llenos de saña infrahumana, por las deplorables condiciones en las que sobreviven los reos venezolanos y a un “sistema” de justicia completamente ineficiente y corrompido que, según todas las ONG’s consultadas deja sin castigo a un promedio entre el 93 y el 95% de asesinatos, ya es posible imaginarse el caos que se produce en un país desmantelado de esa manera. En una sociedad descascarada.

¿Qué obtuvo de beneficioso el pueblo venezolano a cambio por su fidelidad? La clase media y alta, absolutamente nada. En cambio, contrasta con las lamentables pérdidas de su calidad de vida en todos los sectores anteriormente mencionados y en otros tan normales y cotidianos como lo debería de ser el sistema nacional de suministro de agua (en un país que cuenta con gigantescos recursos naturales del vital líquido) y luz eléctrica (con enormes plantas hidroeléctricas funcionando a un reducido porcentaje de su capacidad por falta de profesionalismo y por grave negligencia gubernamental), los repuestos para sus vehículos, además de la flagrante escasez en la alimentación y en conseguir materiales para rubros como por ejemplo, la construcción.

Eso sin contar, la enorme dificultad para poder viajar fuera del país, debido a la disminución drástica en pasajes aéreos a otros destinos y que cuando se consiguen, cuestan unos precios tan exorbitantes que no cualquiera puede permitírselos. A esto hay que aunarle el severo Control de Cambios que prevalece en Venezuela desde el 2003 (CADIVI), por el cual no se puede obtener ninguna moneda extranjera, sin intermediación del gobierno nacional, quien es finalmente el que decide quien puede obtenerlas, a qué precio, por cuánto tiempo, para cual finalidad, asignando siempre el gobierno los montos según sus propios criterios.

Eso sí, paradoja del “socialismo chavista”: para poder acceder a cualquier moneda extranjera debes de tener una sólida tarjeta de crédito (con un amplísimo margen crediticio) respaldada por un banco privado nacional. ¡Qué paradoja made in Venezuela!

Ahora, centrémonos en las clases bajas que históricamente han sido el voto duro del chavismo. Existen sectores populares que en los primeros años, aproximadamente hasta el 2007-2008 vieron mínimamente mejorada su calidad de vida, puesto que de pasar a no tener nada en la llamada IV República (esto siempre es totalmente discutible), pasó a tener acceso a migajas de la inmensa renta petrolera que entraba al país.

El teniente coronel golpista y caudillo en cuestión, Hugo Chávez y luego su sucesor, Nicolás Maduro, han contado con la inconmensurable suerte de que el precio del barril de petróleo ha oscilado los 100$ desde hace más de una década. Por esa razón, le fue sencillo a Chávez a partir de 2004 organizar unas acciones sociales que él dio en llamar “Misiones”, donde bajo la estrecha colaboración de funcionarios cubanos traídos al país gracias a la gran admiración que el dirigente profesó siempre hacia Fidel Castro, se le suministraba al pueblo gratuitamente alguna atención médica en sus casas o se le brindaba educación primaria y universitaria o se le daban créditos para sus proyectos de cooperativas o se intentaba sacar a los mendigos de las calles, etc.

Estos programas, bien entendido, eran una forma directa de amplio clientelismo político y populista puesto que siempre se hacía todo, bajo la premisa de que era Hugo Chávez quien personalmente les daba todo eso y nunca se concibieron como un “derecho” del pueblo venezolano. Además, a estos préstamos, créditos o matriculaciones educativas, el gobierno jamás le realizaba un seguimiento profesional. Es decir, están documentados cientos de casos de créditos concedidos a supuestas cooperativas que al cabo del tiempo finalizado, no se habían utilizado en ninguna de las razones para las cuales se habían destinado. Y lo peor: nadie pagaba por ello, mientras se seguía arruinando el erario público.

Entonces, ¿quién puede fiscalizar este desmantelamiento social? Absolutamente nadie. El sistema diseñado como un cefalópodo con saña ha comprado desde hace más de un década a todos los altos magistrados del órgano de justicia nacional, el Tribunal Supremo de Justicia, así como al órgano encargado de la corrupción y de la administración del patrimonio: la Contraloría General de la República.

Pero lo más grave radica en la inteligencia con la cual ha manejado y usurpado todo el poder electoral. El Consejo Nacional Electoral es un reconocido órgano del Partido Socialista Unido de Venezuela (el PSUV). Su cabeza visible desde hace muchos años, ha sido vista alegremente en mítines del partido ostentando los colores y los símbolos de esta agrupación política. ¿Qué puede esperarse entonces de ellos? Para colmo de males, en Venezuela, como en muy pocos países del mundo, las votaciones tanto para la presidencia como para los cargos regionales están automatizadas, lo cual evidentemente, a nivel informático da pie a las mil y un manera de trucar estas máquinas. Y existen miles de pruebas más de fraudes electorales, reconocidas inclusive, por órganos internacionales imparciales.

Por estas múltiples razones y aunado a las detenciones arbitrarias de los líderes de la oposición democrática como Leopoldo López y de otras detenciones de estudiantes, un importante sector de la oposición venezolana ha salido desbocada a las calles a protestar masivamente desde el pasado mes de febrero de este año. Sin embargo, y a raíz de la durísima represión estatal, con agentes cubanos y la inteligencia del régimen castrista apodada G2 colaborando con las fuerzas tanto militares como paramilitares de Nicolás Maduro, el saldo final de las protestas que se extendieron en el lapso de tres meses, resultó de 45 personas fallecidas, cientos de heridos y cientos de privados de libertad.

Esta desmedida represión, perpetrada no solamente por los cuerpos de seguridad del estado, sino también por grupos de antisociales pagados por la “Revolución” chavista denominados colectivos, a la par de la debilidad y la injusta y desigual lucha que ha tenido que hacer frente la oposición democrática de este país, la ha menguado nuevamente. Por ende, desde mediados de este año ha debido recular en sus aspiraciones válidas a una salida de la crisis gubernamental y ha debido sumergirse nuevamente en un estado de adormilamiento rayano en la depresión colectiva.

Sin embargo, el régimen incompetente que gobierna esta rica nación petrolera tiene que enfrentar en los próximos meses medidas ampliamente impopulares como una nueva devaluación de la ya ampliamente golpeada moneda nacional, el bolívar, o el aumento de los precios de la baratísima gasolina subvencionada por el estado, entre otras. Esperemos, que esta nación con una larga tradición democrática, pueda a través de un despertar popular masivo de todos los sectores de la población, volver pronto a la ruta democrática y exigirle la rendición de cuentas a estos forajidos que han expoliado a toda una sociedad su más precioso patrimonio: la dignidad.

 

“De Javier Montes de Oca”

Collage de tiranos, autócratas y totalitaristas de los siglos XX y XXI

Éste es un pequeño collage de algunos de los tiranos, autócratas, totalitaristas más férreos de los siglos XX y XXI que ha tenido nuestro planeta. Algunos han llegado al poder por la vía democrática, otros mediante golpes de estado, invasiones, asesinatos y otros métodos cruentos e incruentos para arribar al poder. Algunos están enmarcados en el espectro político como extrema izquierda, otros como extrema derecha, otros simplemente como dictadura, otros pertenecen a extrañas teocracias y dinastías religiosas o familiares, pero lo que TODOS tienen en común es una larga lista de crímenes de lesa humanidad, robos, saqueos, corrupción, propaganda masiva, extorsión, represión, utilización del pánico, intento por apoderarse como pulpos de todos los órganos gubernamentales, expropiaciones de la propiedad privada, censura, cierre de fronteras, tortura, presos políticos y exiliados, y un sinfín de técnicas denigrantes de la Humanidad personal y colectiva de sus ciudadanos. Si me falta alguno, puedes comentar y agregaré un tirano a mi collage.

LéopoldIIdeBélgica

Léopold II de Bélgica, masacró una parte importante de la población del Congo belga.

ayatollah-Khomeini

El Ayatollah Khomeini de Irán.

pol-pot

El dictador asesino camboyano Pol Pot.

adolf_hitler

Adolf Hitler.

Bashar-al-Assad

El carnicero sirio Bashar Al-Assad.

CEAUCESCU

Ceaucescu de Rumania.

Charles_Taylor

Charles Taylor de Liberia.

EmperorHirohito

El Emperador Hirohito del Japón.

fidel-castro

Fidel Castro de Cuba.

franco

Francisco Franco de España.

Fujimori

“El Chino” peruano, Alberto Fujimori.

fundador-Corea_del_Norte

El padre fundador de Corea del Norte.

Idi_Amin

Idi Amin, el desquiciado dictador ugandés.

KimJongUn

Kim Jong Un, el más joven de los tiranos norcoreanos.

KimJungIl

Kim Jung Il, el espantoso dictador del Juche norcoreano.

los-bush

George Bush padre y George W. Bush, terroristas y saqueadores norteamericanos.

lukashenko

Aleksander Lukashenko, de Bielorrusia, “el último dictador de Europa”.

mahmud-ahmadineyad

El siempre belicoso iraní Mahmud Ahmadineyad.

manuel-antonio-noriega

Manuel Noriega de Panamá.

mao-zedong

Uno de los mayores asesinos de la historia Mao Tse-Tung.

MARGARET-THATCHER

“La Dama de Hierro” británica, Margaret Thatcher.

mswati

El demente rey de Suazilandia Mswati.

Muammar-Gaddafi

El fanático y filoterrorista libio Muammar Gaddafi.

mussolini

El creador italiano del fascismo, Il Duce Benito Mussolini.

Netanyahu

Benjamin Netanyahu de Israel.

pinochet

Augusto Pinochet, el torturador chileno.

Rafael-Leónidas-Trujillo

“Chapita” Trujillo, de la Rep. Dominicana.

reagan

Ronald Reagan, USA.

Rey_Abdullah

El extremista teocráta rey saudita Abdullah.

robert_mugabe

Robert Mugabe, asesino de Zimbabwe.

salazar

António Salazar de Portugal.

somoza

El nicaragüense Anastasio Somoza.

stalin

Uno de los mayores asesinos de la historia: Iosef Stalin.

stroessner

Alfredo Stroessner, Paraguay.

Taliban-Mullah-Omar

El más radical y oscurantista talibán afgano, el Mullah Omar.

TeodoroObiang

Teodoro Obiang de Guinea Ecuatorial.

videla

Jorge Videla, férreo dictador argentino.

Saddam Hussein

Gran asesino de Irak, Saddam Hussein.

chavez

Mi favorito de corazón: Hugo Rafael Chávez Frías de Venezuela.