Chavismo o la Crónica de un Fracaso anunciado

El régimen incompetente que gobierna esta nación tiene que enfrentar en los próximos meses medidas ampliamente impopulares tales como una nueva devaluación de la moneda nacional, el bolívar.

Se dejaron pasar durante lustros con timidez y respuestas frías, temas gravísimos como el desmantelamiento de la empresa petrolera, el partidismo político raudo y expreso en los tribunales, en la fiscalía, en la defensoría del pueblo, en la contraloría general y como caso arquetípico y uno de los más graves: en el renglón electoral.

 

Venezuela. ¿Qué les puedo decir de este país tropical, caribeño? Nada que ya no sepan. Sólo quedan buenos recuerdos sentidos de lo que fue una niñez, una adolescencia, una juventud prometedora. Era un país lleno de futuro, de niños, de jóvenes plenando los salones de clases de las escuelas, institutos y universidades.

¿Teníamos problemas? Sí. Miles de problemas, como todas las jóvenes repúblicas latinoamericanas, africanas o asiáticas, es decir, las naciones del mal denominado “Tercer Mundo” o países “en vías de desarrollo”. Faltaban chicos por escolarizar, mejor distribución de la riqueza que entraba por concepto de petróleo, hidrocarburos, minerales, agricultura y otras exportaciones. Estaba el problema de la escasa producción en el país, que siempre desde tiempos inmemoriales ha preferido importar casi todo lo que consume a producirlo en el propio territorio nacional. El problema de la vivienda era esencial, cientos de miles de venezolanos se agolpaban en los cerros de las principales urbes donde se ubican las barriadas populares en casas de materiales muy baratos que cada vez que llovía, se llevaba al traste los sueños de progreso de esas depauperadas personas.

Enfin, miles de problemas, como en cada nación. La inflación de los precios de todo lo esencial, así como los numerosos focos de delincuencia y violencia callejera amenazaba con hacernos pasar por tiempos agudos de precariedad social. Sin embargo, nada hacía preveer la debacle que se le vendría al país petrolero en los últimos tres lustros.

Apareció mesiánicamente un caudillo, venido de las llanuras occidentales del país, antiguo militar, quien hubiera cumplido una cortísima condena en prisión por un sangriento golpe de estado en 1992, que se saldó con decenas de víctimas inocentes. Al ser furtivamente indultado, este funesto personajillo se dedicó a hacer política y con una verborrea pródiga, una oratoria y retórica inflamatoria, se metió en el bolsillo y en el corazón a millones y millones de venezolanos. Literalmente.

El resto ya es historia archiconocida. Cuando a un caudillo populista sin preparación ni historia democrática contrastada se le da la oportunidad de medirse en unas elecciones versus candidatos que representaban lo mismo que tenía el país después de cuarenta años de políticas fallidas, no había que ser pitoniso para saber lo que pasaría. Este señor, valiéndose del amplísimo poder popular, político, judicial y militar que tenía, fue olvidándose groseramente del principio democrático fundamental de la separación de poderes y actuó como el Kraken de la mitología nórdica, absorbiendo todos los entes e instituciones públicas y hasta privadas que hacían vida en el país con sus tentáculos silenciosos (y no tan silenciosos).

Para ello, se valió de tretas, artimañas y argucias que los uno aplaudieron sin reflexionar como focas y los otros, prefirieron no unirse, no levantar la voz y utilizar la tan clásica y dañina expresión venezolana: “no vale, yo no creo que haga eso”. Esto se podía escuchar como contestación a diario entre amigos, tras cada exposición del acontecer y actualidad nacional.

De esta manera, se fueron dejando pasar durante lustros con timidez y respuestas más frías que tibias, temas gravísimos como el desmantelamiento de la empresa petrolera, el partidismo y favoritismo político raudo y expreso en los tribunales, en la fiscalía, en la defensoría del pueblo, en la contraloría general y como caso arquetípico y quizás uno de los más graves: en el renglón electoral.

De esta manera, poco a poco aunque sin ninguna pausa, la sociedad venezolana se fue dejando meter unos golazos de parte del PSUV o partido liderado por el antiguo teniente coronel golpista. Casos gravísimos como el de la ideologización en escuelas, universidades y hasta hospitales y centros de salud. Ahora el PSUV, como buen partido de izquierda extremista, intentaba reescribir la historia según su utópica visión en la que ellos eran los únicos intermediarios válidos ante toda la problemática venezolana. Siempre se persiguió y castigó a la disidencia, por el simple hecho de hacer su trabajo como en los casos de los comisarios de la desmantelada Policía Metropolitana de Caracas, Iván Simonovis, Henry Vivas y Lázaro Forero, o la jueza Afiuni, insultada en cadena obligatoria de radio y TV o el caso del exgeneral del ejército Rául Baduel, a quien se le pasó factura política por haberse pasado al bando opositor.

Otro caso que la sociedad venezolana resintió fue la pérdida de espacios comunicacionales privados e independientes tales como canales de TV, emisoras de radio, páginas web, diarios y revistas. Estos mass media corrieron la suerte algunos de ser cerrados, otros obligados a cerrar por no ser rentables, otros vendidos y comprados por testaferros afectos al proceso chavista, otros más auto-censurados, so pena de no padecer millonarias multas por parte de los órganos censores del gobierno por decir alguna verdad que no conviniera al régimen cada vez más autocrático.

Sin embargo, aún no hemos hablado a fondo de uno de los peores agravantes de la terrible situación venezolana: la delincuencia. En Venezuela es exageradamente sencillo tener un arma y comprar municiones. ¡Y no cualquier pistolita! Hablamos de armas de guerra filtradas por los propios policías y militares directo a las favelas, ya que muchos de ellos (totalmente malpagados y con condiciones de trabajo miserables), o bien pertenecen a peligrosas bandas delictivas o tienen amigos y familiares “militando” en ellas. Además, estos jóvenes (muchas veces niños de 14 años), que además consumen alcohol y estupefacientes en grandes cantidades justo antes de sus felonías, se logran esconder en estas favelas y mimetizarse así en el paisaje urbano depauperado a espaldas de las clases medias. Por esta razón, a estos cerros “no sube” la policía y cuando lo hace de manera muy timorata, es muy poco lo que puede lograr.

Si a esto le sumamos que el sistema de cárceles en Venezuela no reforma sino que más bien “forma” criminales peligrosos y llenos de saña infrahumana, por las deplorables condiciones en las que sobreviven los reos venezolanos y a un “sistema” de justicia completamente ineficiente y corrompido que, según todas las ONG’s consultadas deja sin castigo a un promedio entre el 93 y el 95% de asesinatos, ya es posible imaginarse el caos que se produce en un país desmantelado de esa manera. En una sociedad descascarada.

¿Qué obtuvo de beneficioso el pueblo venezolano a cambio por su fidelidad? La clase media y alta, absolutamente nada. En cambio, contrasta con las lamentables pérdidas de su calidad de vida en todos los sectores anteriormente mencionados y en otros tan normales y cotidianos como lo debería de ser el sistema nacional de suministro de agua (en un país que cuenta con gigantescos recursos naturales del vital líquido) y luz eléctrica (con enormes plantas hidroeléctricas funcionando a un reducido porcentaje de su capacidad por falta de profesionalismo y por grave negligencia gubernamental), los repuestos para sus vehículos, además de la flagrante escasez en la alimentación y en conseguir materiales para rubros como por ejemplo, la construcción.

Eso sin contar, la enorme dificultad para poder viajar fuera del país, debido a la disminución drástica en pasajes aéreos a otros destinos y que cuando se consiguen, cuestan unos precios tan exorbitantes que no cualquiera puede permitírselos. A esto hay que aunarle el severo Control de Cambios que prevalece en Venezuela desde el 2003 (CADIVI), por el cual no se puede obtener ninguna moneda extranjera, sin intermediación del gobierno nacional, quien es finalmente el que decide quien puede obtenerlas, a qué precio, por cuánto tiempo, para cual finalidad, asignando siempre el gobierno los montos según sus propios criterios.

Eso sí, paradoja del “socialismo chavista”: para poder acceder a cualquier moneda extranjera debes de tener una sólida tarjeta de crédito (con un amplísimo margen crediticio) respaldada por un banco privado nacional. ¡Qué paradoja made in Venezuela!

Ahora, centrémonos en las clases bajas que históricamente han sido el voto duro del chavismo. Existen sectores populares que en los primeros años, aproximadamente hasta el 2007-2008 vieron mínimamente mejorada su calidad de vida, puesto que de pasar a no tener nada en la llamada IV República (esto siempre es totalmente discutible), pasó a tener acceso a migajas de la inmensa renta petrolera que entraba al país.

El teniente coronel golpista y caudillo en cuestión, Hugo Chávez y luego su sucesor, Nicolás Maduro, han contado con la inconmensurable suerte de que el precio del barril de petróleo ha oscilado los 100$ desde hace más de una década. Por esa razón, le fue sencillo a Chávez a partir de 2004 organizar unas acciones sociales que él dio en llamar “Misiones”, donde bajo la estrecha colaboración de funcionarios cubanos traídos al país gracias a la gran admiración que el dirigente profesó siempre hacia Fidel Castro, se le suministraba al pueblo gratuitamente alguna atención médica en sus casas o se le brindaba educación primaria y universitaria o se le daban créditos para sus proyectos de cooperativas o se intentaba sacar a los mendigos de las calles, etc.

Estos programas, bien entendido, eran una forma directa de amplio clientelismo político y populista puesto que siempre se hacía todo, bajo la premisa de que era Hugo Chávez quien personalmente les daba todo eso y nunca se concibieron como un “derecho” del pueblo venezolano. Además, a estos préstamos, créditos o matriculaciones educativas, el gobierno jamás le realizaba un seguimiento profesional. Es decir, están documentados cientos de casos de créditos concedidos a supuestas cooperativas que al cabo del tiempo finalizado, no se habían utilizado en ninguna de las razones para las cuales se habían destinado. Y lo peor: nadie pagaba por ello, mientras se seguía arruinando el erario público.

Entonces, ¿quién puede fiscalizar este desmantelamiento social? Absolutamente nadie. El sistema diseñado como un cefalópodo con saña ha comprado desde hace más de un década a todos los altos magistrados del órgano de justicia nacional, el Tribunal Supremo de Justicia, así como al órgano encargado de la corrupción y de la administración del patrimonio: la Contraloría General de la República.

Pero lo más grave radica en la inteligencia con la cual ha manejado y usurpado todo el poder electoral. El Consejo Nacional Electoral es un reconocido órgano del Partido Socialista Unido de Venezuela (el PSUV). Su cabeza visible desde hace muchos años, ha sido vista alegremente en mítines del partido ostentando los colores y los símbolos de esta agrupación política. ¿Qué puede esperarse entonces de ellos? Para colmo de males, en Venezuela, como en muy pocos países del mundo, las votaciones tanto para la presidencia como para los cargos regionales están automatizadas, lo cual evidentemente, a nivel informático da pie a las mil y un manera de trucar estas máquinas. Y existen miles de pruebas más de fraudes electorales, reconocidas inclusive, por órganos internacionales imparciales.

Por estas múltiples razones y aunado a las detenciones arbitrarias de los líderes de la oposición democrática como Leopoldo López y de otras detenciones de estudiantes, un importante sector de la oposición venezolana ha salido desbocada a las calles a protestar masivamente desde el pasado mes de febrero de este año. Sin embargo, y a raíz de la durísima represión estatal, con agentes cubanos y la inteligencia del régimen castrista apodada G2 colaborando con las fuerzas tanto militares como paramilitares de Nicolás Maduro, el saldo final de las protestas que se extendieron en el lapso de tres meses, resultó de 45 personas fallecidas, cientos de heridos y cientos de privados de libertad.

Esta desmedida represión, perpetrada no solamente por los cuerpos de seguridad del estado, sino también por grupos de antisociales pagados por la “Revolución” chavista denominados colectivos, a la par de la debilidad y la injusta y desigual lucha que ha tenido que hacer frente la oposición democrática de este país, la ha menguado nuevamente. Por ende, desde mediados de este año ha debido recular en sus aspiraciones válidas a una salida de la crisis gubernamental y ha debido sumergirse nuevamente en un estado de adormilamiento rayano en la depresión colectiva.

Sin embargo, el régimen incompetente que gobierna esta rica nación petrolera tiene que enfrentar en los próximos meses medidas ampliamente impopulares como una nueva devaluación de la ya ampliamente golpeada moneda nacional, el bolívar, o el aumento de los precios de la baratísima gasolina subvencionada por el estado, entre otras. Esperemos, que esta nación con una larga tradición democrática, pueda a través de un despertar popular masivo de todos los sectores de la población, volver pronto a la ruta democrática y exigirle la rendición de cuentas a estos forajidos que han expoliado a toda una sociedad su más precioso patrimonio: la dignidad.

 

“De Javier Montes de Oca”

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